Warren Fahy, autor de "Henders"
"Sitúo a los personajes en las situaciones más aterradoras que pueda imaginar"
Una nuevo y agresivo ecosistema amenaza con destruir la vida en la Tierra tal y como la conocemos. Ocurre en ‘Henders’ (Planeta, 2010), una isla desconocida, alejada más de dos mil kilómetros de cualquier otro lugar. Es nuestro planeta, pero con una evolución paralela de quinientos millones de años sin ninguna interferencia exterior. Warren Fahy debuta con esta imaginativa novela, que da un giro inesperado al tema de la supervivencia de bestias prehistóricas. El autor nos habla de la solidez de sus planteamientos científicos.
REDACCIÓN CRÓNICA. ¿Es cierto que se puede disfrutar de tres episodios basados en la novela en Internet?
Sí, exactamente en http://www.youtube.com/watch?v=h-O6Kk2f_Js&NR=1
¿Qué le inspiró para empezar a escribir ‘Henders’?
Desde pequeño me ha fascinado la biología. Con apenas nueve años, ya me dedicaba a excavar en busca de fósiles en las colinas de Hollywood después de clase, y asistí a un curso de neurobiología en el Caltech cuando tenía once. He sido un estudiante del naturalismo durante toda mi vida, estimulado por héroes lejanos como David Attenborough, Louis Leakey y Charles Darwin. Ésa ha sido mi inspiración general en todos los aspectos relacionados con la evolución.
Entonces, ¿qué es lo que inspiró específicamente la historia de la novela?
Fueron algunos de los textos de Stephen Jay Gould y el descubrimiento de la cueva Movile en Rumanía, donde 33 especies, hasta entonces desconocidas, habían evolucionado en la oscuridad más absoluta encerradas durante cinco millones de años. Después de jugar con algunas ideas basadas en estos y otros hechos realmente fascinantes, todas las piezas de la historia encajaron de pronto en un ataque de inspiración. Entonces, dejé todo lo demás que estaba haciendo y no volví la vista atrás hasta que la historia llegó a su punto final.
Los detalles científicos son realmente impresionantes, ¿cuánto tiempo le llevó investigar el contexto de la novela?
En cierto sentido, toda mi vida. Siempre me he preguntado qué fuerzas fueron las que produjeron esa increíble diversidad de formas de vida que habitan nuestro planeta. Es algo que no deja de resonar en mi cabeza. Sin embargo, una vez que comencé a trabajar en la novela propiamente dicha, me llevó aproximadamente tres años de intensas investigaciones dar cuerpo al ecosistema de la isla Henders.
El paisaje ecológico de la isla Henders es completamente diferente de nuestro mundo. ¿Podría la evolución sufrir una fractura tan radical?
Es famosa la especulación de Stephen Jay Gould en el sentido de que acontecimientos muy pequeños de la historia de la vida en la Tierra podrían haber guiado la evolución en direcciones completamente diferentes. Citando su libro ‘Vida maravillosa’: “Altera cualquier hecho, aunque sea ligeramente y sin aparente importancia en su momento, y la evolución se desarrollará a través de un canal radicalmente diferente.»
Hace muy poco tiempo, con el descubrimiento de sistemas de cuevas aislados y profundos sistemas de ventilación hidrotermal en el océano, nuestros horizontes previos se han ampliado de un modo considerable en lo que respecta a la especulación sobre de la divergencia de las formas de vida terrestre. Los acontecimientos relacionados con el aislamiento son la clave para una divergencia biológica potencialmente salvaje. Islas como las Seychelles o Socostra albergan ecosistemas divergentes desconcertantes que parecen corresponder a mundos extraterrestres en muchos aspectos.
El aislamiento de Australia produjo un mundo de marsupiales saltarines que dejaron atónitos a los exploradores occidentales, y Australia sólo estuvo aislada hace unos 50 millones de años, mientras que la isla Henders estuvo aislada hace aproximadamente 600 millones de años durante la llamada ‘explosión cámbrica’. Al examinar los fósiles de las criaturas que vivían durante esa expansión inicial de la vida en la Tierra, la gente difícilmente supondría que están contemplando animales del planeta que habitamos hoy.
El libro incluye dibujos de las criaturas de la isla. ¿Siempre supo cómo quería que fuese su aspecto?
Sí, sabía exactamente qué aspecto quería que tuvieran, que clase de locomoción etc. Luego trabajé con científicos y artistas para dar vida a esos productos de mi imaginación y, durante ese proceso, fueron evolucionando al tiempo que surgían las adaptaciones necesarias. De hecho, fue un proceso muy darwiniano.
El aspecto que más me sorprendió fue que no importa cuán extravagantes y extraterrestres pudieran parecer las especies que yo creía estar creando, casi siempre encontré que la naturaleza se había anticipado y ya existía alguna clase de alegoría viviente que utilizaba precisamente el mismo proceso o mecanismo, ¡en ocasiones de un modo incluso más extravagante! El intento de superar a la naturaleza con toda la libertad de mi imaginación hizo que respetase aún más su asombrosa e ilimitada capacidad creativa.
Uno de mis personajes favoritos en Henders es la criatura cuyo pelaje puede cambiar de color. ¿Podría suceder realmente?
Los cromatóforos, que son las células que producen pigmento, son utilizados por animales como peces, sepias, pulpos y reptiles para camuflarse o bien comunicarse con otros miembros de su especie. Las sepias han sido incluso capaces de imitar los cuadros de un tablero de ajedrez al ser colocadas ante él. Los cromatóforos, como todas las células de la piel, han evolucionado de maneras muy diversas, desde las scamas de los peces hasta las escamas de los lagartos, como las del camaleón.
Las de los reptiles han evolucionado hasta convertirse en plumas en los dinosaurios o incluso pelaje en los primeros reptiles parecidos a los mamíferos. De modo que, ¿quién sabe? No me sorprendería en absoluto si mañana descubriésemos un animal en la Tierra que utilizara un pelaje similar a la fibra óptica para camuflarse. No, después de todas las cosas que me han orprendido cuando procuraba imaginar las innovaciones biológicas más impensables aunque prácticas, tengo un respeto muy saludable por el motor de la selección natural.
¿Hay alguna escena de Henders con la que haya disfrutado especialmente mientras la escribía?
Sin revelar demasiado acerca de la trama, me lo pasé de maravilla escribiendo la escena del vehículo explorador. Una de las cosas que me encanta hacer es colocar a los personajes en las situaciones más aterradoras que pueda imaginar, sin ninguna pista de cómo sacarles de allí, dejarles abandonados a su suerte y sentarme a ver qué ocurre.
¿Los personajes se comportaron como usted había planeado o le sorprendieron en algún momento?
Me sorprendieron más de una vez y, de hecho, hicieron lo que querían en muchos aspectos. Quizás suene extraño, pero yo no creo personajes sino que los identifico, los coloco en una situación determinada, y luego informo acerca de lo que hacen. Sé qué clase de personajes necesitaré, en términos de habilidades y personalidad, para que lleven a cabo determinadas acciones, y aparte de eso, los dejo libres. Curiosamente, a veces se niegan a morir, aunque eso sea precisamente lo que he planeado para ellos, y sí, cuando mueren, es muy duro para mí dar la noticia.
Además de los aspectos científicos, la novela tiene un lado muy humano. ¿La ‘humanidad’ es algo que hubiera existido de todos modos no importa de qué manera hubiese evolucionado la vida en nuestro planeta?
La humanidad puede estar en el ojo del espectador: ¿es algo limitado a nuestra forma particular? No lo creo. El libre albedrío conseguido por los seres humanos nos diferencia más que cualquiera de nuestros atributos físicos, y es por lo tanto nuestra característica determinante. Un intelecto como el humano sin las restricciones del instinto predeterminado y que dependa el pensamiento creativo y racional podría muy bien haber evolucionado a partir de otro origen biológico si las erupciones masivas en Siberia que casi llevan a la extinción a la raza humana hubieran logrado su objetivo hace 70.000 años. Podría decirse que la humanidad es un estado de ánimo…