Cronica Social: Diario digital de Informacion Social
Última actualización: Edita Servimedia S.A. Nº 1611
icono lupa Buscador
 
  Hemeroteca  pinche aqui para realizar una busqueda en la hemeroteca  pinche aqui para realizar una busqueda en la hemeroteca 
Registro
Titulo Secciones de Actualidad
Titulo Secciones de Servicios
Sección para encuestas
ACCESIBILIDAD:  Tamaño de letra:  A A A  Colores:  Blanco - Negro - Azul - Gris -Color original
Acceso a la home de la sección  ENTREVISTA
Delfín Carbonell, lingüista
“Las 1.500 palabras que manejamos son suficientes porque la gente tiene poco que decir”

Delfín Carbonell, todo un experto y amante de las palabras
Hasta 1822 la Academia mantuvo la entrada sohez (bajo, grosero, indigno, vil). Covarrubias y Cervantes lo utilizaron con dicha grafía, que ahora ha sido rescatada por Delfín Carbonell (Murcia, 1948) para reunir las 20.000 entradas y 8.500 palabras que engrosan su ‘Diccionario sohez’ (ediciones El Serbal). Con él, con este estudioso de la lengua amigo y vindicador de Camilo José Cela, hemos conversado en otros términos más elegantes sobre los bajos fondos del empleo de nuestro idioma.
  • “No se lee lo suficiente, eso el algo palpable; y cuanto menos se lee, menos cultura se tiene y, por tanto, menos vocabulario”
  • “El hombre, en cuanto al uso del lenguaje, es más zalamero, y la mujer menos equívoca”
  • “Hay que rechazar a esas personas que quieren que el idioma no cambie, que quede puro e intacto, porque es una sinrazón”


  • Por ESTHER PEÑAS
    Fotografías: JORGE VILLA


    ¿Para qué sirve un diccionario de lo sohez?
    Como guía del idioma popular, desenfadado, familiar, que todos empleamos a diario; contiene una cantidad de palabras que los diccionarios normales, el de Academia, por ejemplo, no ha podido o querido incluir. ¿Le parece poco?

    En absoluto. ¿Qué hay de sohez en el lenguaje?
    Depende de cómo y quién lo diga; el contexto es quien, en última instancia, determina lo sohez de nuestro empleo de la lengua.

    ¿Puede, lo sohez, ser distinguido?
    Depende de la entonación... puede ser hasta muy agradable. Hay palabra que, dirigidas a ciertas mujeres, pueden resultar un insulto o un piropo, depende del tono que se emplee, de quién lo diga y cuándo...

    Las estadísticas dicen que un español lee de media once libros anuales...
    Eso es mucho, pero acepto su palabra...

    ...¿Cree que esto explica por qué conocemos más vocabulario sohez que culto?
    El español conoce los términos soheces que hay que conocer, ni más ni menos; ¿cuáles o cuántos forman el vocabulario de una persona normal? De cualquier manera, no se lee lo suficiente, eso el algo palpable; y cuanto menos se lee, menos cultura se tiene y, por tanto, menos vocabulario, sohez y sofisticado.

    Si se supone que cada español maneja una media de mil palabras, y los muy cultos alrededor de 5.000, ¿qué porcentaje ocupa el lenguaje sohez en esta estadística?
    Alto. En comparación con la conversación diaria normal, muy alto; se tiende a repetir frases hechas, vulgares, de manera continua. Tanto es así que he escrito un diccionario de clichés donde demuestro que los políticos repiten frases hechas, manidas, archisabidas una y otra vez. Así conforman su mensaje. Lo justo, eso es lo que habla la gente por la calle, lo que empleamos con nuestros maridos, mujeres, amigos, quizás hasta con nuestros jefes. Un vocabulario escaso.

    ¿Y son suficientes 1.500 palabras para expresar lo que sentimos y para articular meticulosamente nuestros razonamientos?
    Para la mayor parte de la gente sí, porque tiene poco que decir, por lo tanto ‘va que arde’. Ahora, si queremos decir más, expresarnos bien y además tenemos ideas que transmitir, tendremos inevitablemente que aumentar nuestro vocabulario. El idioma como herramienta es el mejor invento que ha hecho el hombre nunca. Ríase usted de la rueda, la fotografía o Internet. Pero se emplea mal y no se le extrae todo el jugo que se pudiera; algo parecido sucede con la televisión, que como medio es fabuloso, pero se utiliza para emitir contenidos vacuos y superficiales. El idioma sirve para expresar todo tipo de cosas, pero hay que manejarlo bien.

    ‘Zorra o zorrila, mujer promiscua/ zorro: hombre astuto’. ‘Coñazo, persona, cosa molesta y pesada’/ Cojonudo: bueno, estupendo, extraordinario . Por no hablar de las 63 acepciones que recoge su diccionario referidas a los –con perdón- cojones. ¿Lo políticamente correcto se siente incómodo en lo sohez?
    No siempre, depende de cómo entienda el otro lo que decimos. Un término sohez puede entrañar una complicidad entre dos personas. Me ha elegido usted, sin embargo, unos términos que demuestran algo que todo el mundo sabe, que el idioma es machista. Esto cambiará, ya lo está haciendo, porque la sociedad está transformándose; al igual que no hablamos como lo hacía Quevedo, el machismo es algo que está abocado a desaparecer o cuanto menos a reducirse. Por eso hay que rechazar a esas personas que quieren que el idioma no cambie, que quede puro e intacto, porque es una sinrazón. El lenguaje va parejo a la sociedad y, puesto que esta se desarrolla, se transforma, crece, evoluciona, lo mismo sucede con las palabras.

    ¿No es plomizo el lenguaje no sexista?
    No se debe decir niños, niñas, amigos, amigas, etc. Eso es una chorrada. Las mujeres no son tontas y por tanto esta manera boba de tenerlas contentas hay que esquivarla. Se entiende que cuando uno dice ‘compañeros’, van mujeres niños y ancianos, incluidos. No hay que molestarse por eso.

    ¿Quién es más rudo hablando, la mujer o el hombre?
    El hombre. Añadiré que, aunque me considero un liberal que lucha por la igualdad de la persona, no puedo dejar de sentir cierto pudor ante una mujer dice tacos, me resultan más soeces en boca de mujer. No debiera, por supuesto, pero no puedo evitarlo. ¿Por qué no usaremos expresiones como ¡Recórcholis! o ¡Caramba!? Y eso asumiendo que las palabras no son buenas ni malas; con la palabra ‘cuchillo’ no nos podemos cortar, ni con la palabra ‘agua’ no mojamos. A buen entendedor...

    ¿Qué diferencia a hombres y mujeres a la hora de emplear el lenguaje?
    El hombre tiene una galantería hacia la mujer y eso se traslada al manejo del lenguaje. El hombre es más zalamero. Y la mujer es menos equívoca. Son actitudes y roles sociales que se reflejan en el uso de lenguaje, porque la lengua no es un ente que flota, es algo que se impregna de muchas facetas humanas...

    De las fuentes que utiliza como hontanares de términos para su Diccionario, televisión, libros, entrevistas, artículos de prensa, ¿cuál ha sido más fructífero?
    Citaré a Pérez Merinero, y su libro ‘Días de guardar’, que relata la vida de un psicópata; es una novela negra que le costó mucho editarla, muy buena. Y me procuró más de 300 citas, cosa que le agradezco enormemente...

    El autor, en un momento de la entrevista
    Usted echa mano del de Covarrubias para titular su diccionario. ¿Cómo es posible que el uso común de un diccionario así, tan literario, tan poético, tan entrañable y certero esté tan poco extendido?
    Porque no hay tradición de usar los diccionarios en España; en Estados Unidos sí, todos los estudiantes trabajan con el diccionario al lado y todos ellos lo utilizan. ¿Cuál es la autoridad última del idioma? El diccionario, salvo en España. No se estila, no se usan. Y usted pensará: “¿Y qué hace un español cuando no conoce una palabra y la lee o la escucha? Pasa de ella. Y eso que la lexicografía española fue mucho más adelantada que la inglesa, por ejemplo. El diccionario de Johnson se publicó 1755, pero para entonces nuestra Academia ya había publicado su diccionario de autoridades 1726-1729.

    “Socia, no te enrolles y déjate de coñas que quiero ir contigo al sobre y consolarte”. ¿Así se liga ahora?
    Depende de la edad, por supuesto. Depende de la relación con la persona a la que se dice. Tampoco se puede poner uno en exceso poético en estos tiempos. Imagínese que le digo: “doncella, tendría usted a bien acompañarme...

    ... al tálamo”?
    Bueno, ¡por Dios! O decirle a una mujer: “¡Qué senos más turgentes tiene usted!” Me miraría como si estuviera loco, ¿no cree?

    Sarasate, salido, peluca, pendón, meneársela, güito, ensartar, choto... ¿lo sohez y lo sexual son un matrimonio bien avenido?
    Qué vocablos me menciona usted... Son los que más gustan a la gente. Los niños se solazan buscando este tipo de palabras en el diccionario. Yo, cuando era pequeño, buscaba la entrada ‘follar’ y me encontré con que quería decir ‘dar con el fuelle’. ¡Vaya desilusión!

    Mi madre suele decir que las expresiones populares, cotidianas, son tan abundantes en nuestro idiomas porque el español es un tipo con mucha guasa. ¿Está usted de acuerdo?
    Pero también en otros idiomas... tendemos a pensar que el nuestro es el ombligo del mundo; el castellano es un idioma cualquiera, como el tagalo, el suajili, que tendrá más tiempo, más literatura, pero es un idioma con un cúmulo de voces con las que expresamos nuestras ideas; si los esquimales tienen más palabras para definir la nieve es normal, tienen más nieve que nosotros (sucia, más compacta, líquida...) la cuestión es: si tenemos la palabra, ¿por qué utilizar eufemismos? Si tenemos la palabra ‘dinero’, ¿por qué emplear ‘guita’, ‘parné’ y otras muchas que hay?

    ¿Dónde van las palabras que van quitando los diccionarios?
    ¡Las guardan en una cajita! Oxford no quita ninguna, aunque estén en desuso pero, claro, eso acarrea ciertos inconvenientes, por ejemplo, el tamaño del diccionario. Si se guardaran, hoy sabríamos con exactitud qué eran los ‘duelos y quebrantos’ que comía Don Quijote. Hay quien afirma que son torrezno, tocino con pan... pero son especulaciones.

    Si fuera un Ángel de la Guarda, ¿a qué concepto salvaría del abismo?
    ‘Trébede’ (Aro o triángulo de hierro con tres pies, que sirve para poner al fuego sartenes, peroles, etc) y ‘concordia’.

    Se habla de ‘tolerancia’ en vez de ‘respeto’, de ‘expediente de regulación de empleo’ en vez de ‘despidos’. ¿Por qué tendemos a maquillar ciertas palabras?
    Desde siempre se ha hecho. Un cojo hoy en día ya no es un cojo, sino una persona con discapacidad, como si nos diera miedo al palabra.

    Usando una entrada de su diccionario, ¿hay mucho escribidor (mal escritor) en nuestra literatura?
    Sí, hay se publica en muchos casos a lo loco, sin parar a evaluar si aquello que editamos tiene calidad y validez suficiente. Cada año, en España, se publican unos 80.000 títulos. ¡No le parece una barbaridad? A mí me lo parece. No creo que la gente dé para tanto. Cualquiera puede escribir una novela. En apariencia. Una novela buena, que nos ayude en nuestra vida, que construya bien el personaje, que la historia esté bien trazada.. de esas, pocas. Y mal escribidor, para que vea usted que no me zafo de su pregunta, diré que Lucía Etxebarría. Hay que leer a Sánchez Dragó, a Eduardo Mendoza, a Cela... pero Etxebarría luce una actitud ante la literatura que no es aceptable y no debemos copiarla.

    Por cierto, ¿le ha marcado mucho un nombre tan insólito como el suyo?
    ¿Es insólito Delfín? A mí me gusta mi nombre...
    enviar Enviar
    imprimir Imprimir volver Volver
    Realice un comentario de esta noticia Comenta esta noticia
    No hay comentarios sobre esta noticia, ¿realizar uno?
    |  Política Social  |  Unión Europea  |  Economía social  |  Integración  |  Infancia y juventud  |  Mayores  |  Mujer  |  Salud  |  Discapacidad | Drogas y Adicciones  | Medio Ambiente  | ONG y Voluntariado | Responsabilidad social | Cajas de Ahorros  | Deportes  | Publicaciones  | Entrevista  |  Reportaje  |  De buena fuente | Registro | Revista de prensa  | Agenda social | Acuerdos de gobierno | Nombramientos |
    Webs sociales | Biografías | Hemeroteca | Quiénes somos