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Esther y Jerry Hicks (Urano, 2008)
La ley de la atracción
Aunque la información sobre La ley de la atracción, que contiene este libro, lleva pululando de mano en mano, de boca en boca ya hace algunos años, por primera vez, el prolífico matrimonio Hicks ha reunido en este ensayo espiritual las enseñanzas originales recibidas por un conjunto de entidades afines, no-físicas, que se hacen llamar Abraham.
POR BEATRIZ SANCHO. En una primera parte Jerry Hicks hace una introducción explicándonos las dudas que se ha planteado a lo largo de su vida, y que serán las que responda Abraham, para pasar la pluma a su mujer, Esther, que nos cuenta cómo y por qué comenzó a canalizar a este grupo de entidades.
En la segunda, tercera, cuarta y quinta parte del libro Abraham se ocupa de la Ley de la atracción, La ciencia de la creación deliberada, El arte de permitir y el Segmento de intencionalidad, respectivamente.
La ley de la atracción es una ley universal que dice: “todo objeto atrae aquello que se asemeja a sí mismo”. El lector descubre que piense en lo que piense, tanto si es positivo como negativo, lo atrae. Abraham, acertadamente, apunta que para evitar los pensamientos negativos, hay que centrar la atención en algo que sí se desee.
Desde estas páginas se invita también a crear deliberadamente lo que uno quiera, creyéndolo y esperándolo. La receta infalible para conseguirlo es sentirse bien con ese deseo, creer fervientemente que uno lo va a recibir y no dejarse enmarañar por pensamientos contradictorios que alejarían, inevitablemente, el objeto o experiencia deseada.
Un buen mecanismo, según Abraham, es visualizar lo que se quiere con la mayor claridad posible, en cuanto a intenciones, y con una gran sensibilidad respecto a lo que se siente. Una vez más la emoción, el sentimiento, es lo que nos dirá si nuestro pensamiento o deseo es adecuado para nosotros.
El arte de permitir, por su parte, significa que “uno es lo que es y también está dispuesto a dejar a los demás que sean lo que son”. A este estado, supuestamente, se llega cuando uno está bien con absolutamente todo lo que le rodea. Es decir, cuando ninguna cosa tiene la capacidad de provocarte una emoción negativa. A este estado Abraham lo denomina libertad.
Finalmente, la quinta parte explica que podemos atraer mejor nuestros deseos, y de forma más rápida, si dividimos el día en segmentos y nos detenemos en cada uno de éstos para reclamar lo que queremos que nos ocurra inmediatamente después.
La ley de la atracción es un libro repleto de intenso conocimiento y que aventaja, sin dudas, al best seller ‘El secreto’ (Urano, 2008) por su gran profundidad. El lector entendido saldrá de esta lectura con un sabroso regusto que lo dejará satisfecho en su curiosidad y apto, en potencia, para crear su propia experiencia tal y como la quiera desear.
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