"El vencedor está solo", de Paulo Coelho
La soledad del éxito
Nunca me entusiasmó el modo de escribir de Paulo Coelho, pero sí su forma de acercarse a la espiritualidad del Universo. En ‘El vencedor está solo’ se echa en falta esta vertiente del autor que, si aparece, lo hace veladamente y sin la fuerza de antaño, aunque con precisión y poniendo toda su conciencia.
BEATRIZ SANCHO Coelho, a través de un asesino que se cree inspirado por Dios y otros personajes que viven febriles los días del Festival de Cine de Cannes, desmenuza los pormenores de la gente que pertenece al mundo de la moda, del cine, a la ‘superclase’, como él acierta a denominar, y a todas las banalidades que encierran sus vidas.
Lo mejor del libro, sin duda, son las verdades que encierra y que, hábilmente, denuncia en sus páginas. Así nos encontramos con que los diamantes procedentes de África, que con tanta ilusión luce una prometida, sufragan guerras africanas que entrañan la muerte. Eso ya lo sabíamos, pero no está de más que el autor aproveche su gancho, su inmensa aceptación en la masa, y tenga la bondad de recordárnoslo y, de paso, adoctrinarnos.
El libro es una férrea crítica a la fama, a las relaciones donde uno es vejado, a los sms o mensajes de móviles, que según Coelho son utilizados para pensar que uno no está solo, a este mundo que “está llegando a un estado de absoluta demencia”, a la moda, a la silicona, al sueño que muchos persiguen: el éxito.
Entre líneas, encontramos un autor que conoce lo que cuenta, aunque haya bebido de muchas fuentes, un hombre que descubre al mundo la soledad insondable de los que están en el poder y no pueden zafarse de ella.
Coelho disecciona con acierto la frialdad humana, el sinsentido de la vida al olvidarnos de los valores fundamentales, al dejarnos convencer por los milagros inalcanzables que ofrecen lo material y la estética. ‘El vencedor está solo’ no es sino una mirilla por la que asomarnos para comprender que la vida es mejor cuanto más sencilla.