Lucía Etxebarría
“Cuanto más medios tienes a tu alcance más puedes amplificar una mentira”
Lucía acaba de levantarse, lo noto por su melena enmarañada y su primer comentario de que no hay café. Me siente como una extraña a punto de profanar su templo. Tiene miedo a las entrevistas, pero acaba de publicar su última novela, ‘Lo verdadero es un momento de lo falso’ (Suma de Letras, 2010) y hace un esfuerzo.
BEATRIZ SANCHO Los ángeles y las estrellas que cuelgan en la entrada de su casa la protegen y, poco a poco, nos guarecemos de una fría mañana de invierno con sus innumerables libros, mientras los papeles repartidos por doquier la procuran confianza para descubrirse como una Lucía muy comprometida con la mujer. A la vida le pide querer y ser querida, y tener una existencia lo más tranquila posible, sin estrecheces. ¿Qué es necesario para tocarle con acierto el corazón?
La música, sin duda.
¿Reclama, igual que Lola respecto a Mario, los personajes de su novela, que una pareja sepa agotarla, o eso sólo lo experimentan sus personajes?
Sexualmente, sí. En el resto de la vida prefiero que no me agote mucho.
¿Cuál es el secreto para dibujar con tanto esmero la carga psicológica de los protagonistas de sus obras?
Escuchar mucho a los demás. Hay escritores con muy buena técnica que a mí no me funcionan porque sólo hablan de sí mismos. En realidad, lo que hago es proyectarme continuamente, pero de diferentes maneras.
Lucía Etxebarría es mucho más que una impronta verdadera entre lo falso, ¿qué de auténtico suyo, de esencial, deja en las historias que alumbra?
Cualquiera de mis protagonistas soy yo. Incluso Truman Capote se mete en la piel de un asesino y no deja de ser el mismo. Si conoces la biografía del escritor, lo que cuenta se parece mucho a él: infancia desestructurada, necesidad de afecto… El proceso de construcción de un personaje es como soñar. Todos los sueños que tienes revelan algo de ti, pero necesitarías un psicoanalista para descubrir cuál es el mensaje que esconde el sueño. Los personajes que dice la gente que se parecen más a mí, son, irónicamente, los que menos tienen de Lucía. El lector tiende a identificar y si la protagonista es una mujer, ya dan por hecho que eres tú. De hecho, siempre apuntan que cuando vivía en Edimburgo y, la verdad, no he vivido en esa ciudad nunca, he pasado temporadas, pero también en Francia, en Berlín y en otros lugares.
¿Qué verdad de Lucía ha resultado inverosímil para el público?
Existen dos tipos de personas, los que no me leen y creen cualquier burrada que escuchan, y los que me leen de verdad, que pueden tener una idea más cercana de mí misma, pero ni yo me conozco, ¿cómo me van a conocer los demás?
Ya que lo menciona en su novela, ¿cómo es posible que los medios de comunicación construyan una realidad más real que la propia realidad?
Ahí están las armas químicas de Iraq, Osama bin Laden, la guerra de Cuba, que se hizo a partir de una mentira, los nazis. Hitler fue el primer visionario, para mal del resto. Cuántos más medios tienes a tu alcance más puedes amplificar una mentira. Otros ejemplos son el caso Dreyfus, las cruzadas cristianas… inventar mentiras para conseguir fines es muy viejo. El asunto perverso es que ahora hay más medios comunicación que nunca, con una capacidad de amplificación mucho más grande. En el libro lo que defiendo es que la anorexia, por ejemplo, no es una enfermedad genética porque si no habría otros muchos ejemplos en el pasado. Se trata de una enfermedad creada, inducida, porque antes no existía. Probablemente es una neurosis obsesiva compulsiva que habría surgido de otro modo, pero ahora hay una epidemia de anorexia porque los medios lo crean, porque crean una realidad más fuerte que la realidad y muchas mujeres adultas pesan o quieren pesar 45 kilos.
¿Qué ídolo le ha dejado las manos manchadas de purpurina?
Nunca he tenido grandes ídolos, gracias a Dios. En general, las personas a las que he admirado mucho me siguen gustando.
¿Es también usted una neurótica al depender de la mirada ajena?
Hay un chiste que dice: ¿cómo prefieres ser normal siendo un neurótico normal, una psicótico normal o un perverso normal? Todas las personalidades se dividen en psicótico neurótico perverso, según Freud. Y siempre es mejor ser neurótico que psicótico. Todos vivimos con un grado de neurosis lógico porque dependemos de la opinión ajena hasta cierto punto. El psicótico es el que no depende de ella. Los artistas, en general, son neuróticos extremos porque necesitan de la opinión ajena. Pero estas categorizaciones se utilizan como herramientas psicoanalíticas, no sé hasta qué punto son reales.
‘El placer se puede comprar pagando con dolor’. ¿Ha pagado alguna vez con depresiones la capacidad de contar muchas cosas aliñadas con una sensación de vacío?
Esa frase es de Sidonie, es muy importante que se diga, es de la canción ‘Nuestro baile del viernes’. Todo el mundo paga por el placer con dinero, con la resaca del día siguiente... Sí he pagado el contar historias con depresiones, aunque ahora es más fácil reconocer que uno es depresivo. Antes suponía un estigma muy grande. De hecho, ahora hasta se ha puesto de moda. De todos modos, se está banalizando el significado de la palabra depresión. Ahora a uno le deja el novio, va al psicólogo y dice que tenía una.
Eso es un duelo normal. Sin embargo, el cuadro depresivo que presenta el personaje Mario es algo mucho más muy serio, se pasa un montón de tiempo en la cama sin ni tan siquiera poder moverse. Una de esas he llegado a tener. Cuando pasas una ‘gorda’ y no te medican, como es mi caso, muy probablemente no pasas dos. De pronto, en tu vida aparece una luz de alarma que te indica que ciertas cosas van muy mal y te avisan que tienes que reparar en ellas. Por eso, no estoy muy a favor de las terapias con medicación.
Steiner decía que ‘lo que no se nombra no existe’. Haciendo uso del poder de esta frase, ¿qué ha dejado de existir para usted a fuerza de dejarlo de nombrar?
De las relaciones dañinas que he experimentado lo he borrado todo. A éstas sí las he dejado de nombrar.
¿Quién es el gran creador hoy en día?
El creador es el neurótico máximo, expone su vida a la mirada ajena y, además, es alguien que reconstruye lo que ve para dotarlo de sentido. Marié, en la novela, es neurótica. Es gorga, fea, no tiene amigos y se crea un mundo imaginativo. Igual que Pumuky, está fatal y compone sus canciones para soltarlo. Pero que quede claro que no todo neurótico es creativo. Los grandes creadores son los neuróticos que han tenido el talento para sublimarlo.
¿Cómo les aconsejarías a las personas que padecen un trastorno mental?
Que hiciera terapia siempre, que buscara entre cincuenta, pero que encontrara con el que se lleva bien. Ante todo, que no se quede exclusivamente con la medicación. Lo que ocurre es que las terapias son muy caras y, además, hay mucho falso terapeuta. A la mínima que se desconfíe, uno debe de seguir su instinto e irse. En mi caso, funciono sin medicación, desde hace miles de años.
¿Qué dolencia tiene usted?
Me dieron medicación muy poco tiempo porque tenía depresiones muy bestias. Si siempre te enfrentas a una situación parapetada, nunca enfrentas tus miedos. Odio meterme en el metro, pero no por eso me voy a tomar un lexatín cada vez que tengo que hacerlo. Lo más fácil es intentar averiguar por qué el metro me da pánico. En las entrevistas sufro, lo vivo como una invasión, pero las aguanto poco a poco para no terminar enganchada a una pastilla, e intento saber qué pasa.
‘El amor pasional el sobre todo una construcción social no un sentimiento real’, ¿me lo explica?
Los chinos, los indios y tres cuartas partes del planeta se casan en matrimonios concertados. En España, hace cincuenta años, una chica de la burguesía catalana no se habría planteado casarse con el obrero de la fábrica de su padre. En una sociedad como la nuestra, muy narcisista y extremadamente consumista, el amor pasional que se vivía una vez como una novela, y que el 90% no vivía, se convierte en algo que todo el mundo quiere experimentar alguna vez o varias veces. Llegan así las monogamias sucesivas, que yo misma vivo, me enamoro cada quince días. Pero es más una construcción social que una realidad.
De hecho, Monogamy is unnatural, parece una de sus señas de identidad, una bandera que enarbola con el pasar de los años. Si la monogamia no es natural, pero el enamoramiento parece ser el estado en que el ser humano es más fiel por naturaleza, ¿qué opina de esos compañeros que engarzados conviven durante toda una vida por propia elección?
La monogamia en humanos o en cualquier otro mamífero es muy poco frecuente. En muchísimas culturas las personas no son monógamas. El hombre intenta que la mujer lo sea por la idea que tienen de que los hijos son una propiedad y un bien, es entonces cuando desean que los vástagos sean de su sangre. Si la mujer fuese monógama por naturaleza no habría necesidad de ponerle un velo para que no la vieran, ni de extirparle el clítoris para que no sienta placer, ni de encerrarla en un harem. Si su carga genética le impulsara a ser monógama, la mujer no miraría a otro hombre. Sin embargo, se le permite al hombre no serlo porque la mujer es la que se queda embarazada.
¿No cree que la mujer siempre ha estado discriminada es este aspecto?
Al hombre nunca se le ha impuesto. En el código civil español una mujer adulta podía ir a la cárcel, un hombre no. En países musulmanes lapidan a la adúltera, a él no. El hombre se iba con prostitutas y todo el mundo tan campante. Es decir, que si la mujer fuera monógama por naturaleza no habría que poner ningún subterfugio para esconderla, daría igual que saliese de su casa. Lo que hacemos es luchar contra un instinto natural.
Y en la sociedad actual, ¿la monogamia va quedándose obsoleta?
Cuando alejas de la sociedad esta fe religiosa que sustenta la monogamia ocurre que la gente se divorcia cada diez años. Antes la fe, la mirada de los otros era una razón para soportarlo, el hombre hacía sus escarceos con prostitutas y la mujer se volvía medio loca, y ya estaba. Pero ahora que no tienes una buena razón para soportarlo, nos divorciamos. Quizás si las parejas se perdonaran las infidelidades durarían más. Se trataba de una construcción social antinatural, pero muy socializada para que durara, incentivada y que, sobre todo, se basaba en la sujeción de la mujer. Hasta tus padres, si tu padre es le era infiel a tu madre, pobrecita tu madre y hasta ahí. Si era tu madre la que traicionaba a tu padre, se convertía automáticamente en la ‘puta’ del barrio.
¿Cuál es el papel de la mujer ahora? ¿Qué crees tú que la mujer debería de hacer?
Ese poder que hasta ahora se nos había negado, siguen sin tenerlo las mujeres de tres cuartas partes del mundo. Cuando hablamos de nuestros derechos en occidente, nos olvidamos muy fácilmente de que en la mayor parte del mundo no se tienen. En mi opinión, a la mínima que nos descuidemos podemos perder este poder también nosotras.
No tenemos en cuenta que la Grecia clásica fue mucho más culta que la Edad Media, que fue una época oscurantista tras el gran esplendor científico, social y de muchos tipos. Nosotros vivimos en nuestra tranquilidad occidental de que lo que tenemos se mantendrán, pero puede que no, puede que venga una época fundamentalista musulmana pasado mañana y volvemos donde estábamos. La mujer occidental tiene que saber que lo que tenemos tiene una estructura de equilibrio muy fácil y que olvidarnos tan felizmente de que tres cuartas partes del mundo no lo tienen, es muy peligroso. Hay que luchar por los derechos justo de esas mujeres que viven en otros países, pero no por altruismo, sino por puro egoísmo.
¿Tú antes te involucrabas mucho en estos temas?
Antes muchísimo, ahora menos. Antes estaba mucho más concienciada e involucrada en este tema, aunque sigo estándolo, por supuesto. Es decir, nunca hay que olvidar que las escasas ventajas de las que dispones, las tienen muy pocas mujeres en el mundo y que, como no las defiendas con uñas y dientes, y ayudes a otras mujeres a tenerlas, te las quitan pasado mañana.
No es algo que se da por hecho que va a permanecer para siempre. Aunque luego, hay que intentar mantenerlas e ir a más, por supuesto. Si en tu trabajo no te dan el permiso de maternidad, hay que denunciarlo. Te acosa tu jefe, denunciarlo. Hay que denunciar todos los espacios de desigualdad que veas y apoyar a otras mujeres por puro egoísmo, lo digo muy sinceramente, las cosas funcionan cuando las haces por ti, no por otro. Hacer algo por otro sabiendo que no redundará en tu propio beneficio se llama síndrome de redentor, y no lleva a ninguna parte.