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Mikel Erentxun, cantante
“Nos hemos vuelto a convertir en lo que éramos, un país de folclóricas”
Tras cinco discos en solitario después de disolver uno de los dúos más populares del pop español, Duncan-Dhu, Mikel Erentxun (Venezuela, 1965) ha decidido comenzar una nueva etapa musical. Eso sí, se ha despedido por todo lo alto, con un disco en directo, ‘Tres noches en el Victoria Eugenia’ (Warner Music), en el que está acompañado por un puñado de buenos amigos: Bunbury, Leiva (Pereza), Iván Ferreiro, Amaia Montero, Rafa Berrio (Deriva) y, cómo no, Diego Vasallo.
POR ESTHER PEÑAS Fotografías: JORGE VILLA
Es extraño; la primera pregunta me la hace él... ¿Qué te ha parecido el disco? ...Me ha gustado, es un disco para escucharlo tranquilamente, suceden muchas cosas a la vez, muchos detalles, muchos matices. Cuanto más lo escuchas, más lo disfrutas.
Sí, estoy de acuerdo contigo...
Comienza la entrevista... ¿Seguro de que este puñado de canciones no las vas a volver a interpretar? Me cuesta creerlo. La verdad es que ésa es la intención; si me propongo no tocar ninguna, acabaré tocando dos o tres, que siempre es menos que tocarlas todas. Quiero poder presentar un disco y que toda la atención recaiga en él y en el nuevo repertorio, que vaya a tocar en directo y que la gente quiera escuchar esas canciones, las nuevas, no las viejas canciones de siempre, que ya llevo arrastrándolas durante años y años; es la única manera de seguir vivo y actual porque, de otro modo, corres el peligro de vivir de las rentas, de éxitos pasados, y te acabas convirtiendo en una caricatura de ti mismo.
... En un dinosaurio trasnochado, como ha apuntado en alguna ocasión... Efectivamente, como ocurre con muchas vacas sagradas del pop y del rock en España y fuera de ella.
Cuando actuó esas tres noche en el teatro, por cierto, el mismo lugar en el que se despidió Duncan-Dhu, ¿pudo disfrutar de la velada o estaba demasiado pendiente de que la grabación quedase perfecta? Es un poco las dos cosas, saber que te están grabando, tanto el audio como la imagen, que hay cámaras y micros por todos lados te hace comportarte de una manera más seria, estás agarrotado, pero también le da una dosis de nerviosismo y emoción especial y distinta...
¿Por qué están estos invitados y no otros? Están porque son los artistas que más me gustan; afortunadamente, pude contar con todos ellos, salvo Amaral, que no pudo venir. Todos los demás compartieron conmigo escenario, y fue un orgullo y un placer pues, aparte de amigos, son gente a la que admiro mucho en lo profesional.
¿Qué tiene el teatro capaz de crear ese atmósfera tan íntima, tan recoleta? Como formato para rock me encanta, no es algo muy habitual en España, pero me gusta muchísimo; en otros países en más normal que las bandas de rock actúen en teatros. Como espectador, es mi lugar preferido para un concierto porque nadie te molesta, nadie te empuja, si hay un momento intenso todo el mundo se pone de pie, da palmas, perfecto, canta lo que sea y después se puede volver a sentar. No ocurre en otro lugar. Los silencios en los teatros son de verdad, algo que no ocurre en la calle, una plaza de toros o un polideportivo. Además, los teatros siempre tienen un glamour decadente.
Sus canciones tienen un tinte melancólico bastante pronunciado. ¿Por qué le resulta más fácil hablar del desamor? Es cierto, pero no sólo me ocurre a mí, sino a muchos músicos les resulta más fácil y le gusta más hablar en negativo que en positivo; siempre lo he achacado al carácter vasco, muy introvertido, muy serio, y me imagino que eso ha influido en mis canciones. Con el tiempo, me he ido abriendo más, y ya no tengo ese punto melancólico tan acusado, aunque me sigue atrayendo más el gris que el azul.
En esta nueva etapa que comienza, ¿hacia qué publico le gustaría abrirse? No hay un público en concreto... cuando hago canciones no pienso demasiado en el público, si no en mí, en ser honesto conmigo mismo y en gustarme a mí. Eso la gente lo valora, que seas creíble. Es cierto que me encantaría vender millones de discos, pero no trabajo en esa dirección, no sabría hacerlo.
¿Es mucha la presión de las multinacionales respecto de las ventas de discos o dejan hacer y apuestan más por la calidad? Las ventas empiezan a ser preocupantes para ellas, porque hay que amortizar costes, y este tipo de discos no son precisamente baratos. Sí, hay muchas presiones.
¿Cómo cree que es el prototipo de sus seguidores? Es un público entre 20 y 30 años y mixto, a partir de ahí no sé detallarlo más; el contacto que tengo con él es a través de mi página web, por la gente con la que hablo después de los conciertos, en la firma de discos... hace mucho que no tengo un público joven, de menos de veinte años.
¿Recibe muchas cartas? No, físicas no, hace años que no recibo cartas por correo postal, pero también es verdad que hace años que no aparezco en ningún listín telefónico, desde que me fui de casa de mis padres y allí sí llegaban cartas, y muchas.
¿Las conserva? En el trastero, sí, bastantes...
Usted es uno de los artistas que cuidan tanto las letras como la música de sus canciones, cuyo peso se reparte por igual. Esta nueva etapa que va emprender, ¿afectarán a ambas facetas? Sí, pero algo más a las letras, me apetece ahondar en lo que inicié en ‘El corredor de la suerte’, letras con contenido, con carga y profundidad. Musicalmente seguiré acercándome a los sonidos clásicos que me gustan y que no pasan de moda.
¿Por qué ahora para virar el rumbo? Este es un momento como otro cualquiera, pero coincidía con que se cumplían 15 años de mi primer disco y sentía que tenía demasiadas canciones en la mochila. Con ‘El corredor de la suerte’ salí de gira y me encontré con que la gente quería escuchar ‘Cien gaviotas’ y cosas así, por eso supe que tenía que cerrar esta etapa.
Corman ¿qué aporta como letrista que no tenga Erentxun? Es mi alter ego, trabajamos muy bien juntos, él lleva más peso que yo en las letras, ha escrito bastante más, porque nos entendemos y complementamos muy bien.
¿Qué está leyendo ahora? ‘La catedral del mar’.
¿La gente, en general, escucha música o la consume? Hace mucho que la música se ha convertido en un producto de usar y tirar, eso es cierto, ya no se escucha música, ya no interesa, interesa el folclore, los programas televisivos tipo ‘Operación triunfo’, pero la música, bien poco.
¿Y qué se puede hacer? Tenemos lo que nos merecemos. Tuvimos nuestra oportunidad, los 80 fueron una época de efervescencia, de creatividad, se abrió todo muchísimo, creó mucha expectación, pero ahora la gente se ha acostumbrado a los mismos sonidos, ya nada sorprende, ya nada es novedad. Y nos hemos vuelto a convertir en lo que éramos, un país de folclóricas.
España es uno de los poco países en los que la entidad que representa a los artistas está ‘enfrentada’ a la sociedad, que tiene de ella una imagen de cicatera. ¿Por qué este divorcio? La SGAE hace su labor, y la hace muy bien, defiende a los autores; entiendo que a la gente no le guste pagar y que le fastidie el canon, pero tiene que entender que la SGAE vela por el interés de miles de personas y de la propia industria; a mí tampoco me gusta pagar a Hacienda. La sociedad cree que la música es gratis, pero detrás de ella hay muchas personas, una gran industria, y hay que mantenerla y pagar por ella.
¿Por qué habla tan poco en sus conciertos? Porque cuando voy a un concierto como espectador tampoco me gusta que me cuenten nada, me gusta escuchar la música y por eso me gusta Bob Dylan, Lou Reed, Oasis... gente que apenas si se dirige al público. Además, yo hablo muy mal; Joaquín Sabina, por ejemplo, es otra cosa, escucharle hablar es tan maravilloso como oírle cantar. También es que soy muy tímido. Al menos, no soy borde, siempre digo ‘gracias’.
Un recuerdo de este disco... El momento ‘Diego’ fue muy especial; también el tema ‘Marcos y Nerea’, que cantamos todos. Al principio, lo iban a cantar Leiva e Iván, nada más, pero de amanera espontánea salieron los demás. Realmente emotivo.
Dígame quién le gustaría que hiciese alguna versión de las canciones de Mikel Erentxun en solitario. Los que están en el disco, la gente que de verdad me gusta: Leiva me parece un genio de nuestro tiempo, un musicazo, el futuro del rock en España, además de buena persona; Bunbury, otro tío general, con el que encuentro muchos paralelismos; Iván Ferreriro otro de los grandes... Juan y Eva de Amaral, Loquillo... seguro que me dejo alguno.
¿Qué cree que ha aportado Mikel Erentxun al panorama musical nacional? Muchas canciones... Tanto con Duncan Dhu como en solitario, por lo menos he intentado ser constante y aportar buenos discos. Eso es lo que queda, los nombres y los rostros desaparecen y lo que quedan son las canciones.
¿Hay alguna canción fetiche? ‘Cartas de amor’. A mi público le encanta, pero la compañía no quiso hacer de ella un single; para mí es una muy buena canción, sin duda.
‘The Police’, ‘B52’, ‘Héroes del Silencio’... ¿segundas partes nunca fueron buenas? No, ‘El Padrino II’ o ‘El imperio contraataca’ son excepciones; por lo general, segundas partes rompen la magia: ‘Indiana Jones’, ‘Star Wars’ (la segunda saga), ‘The Police’... en España hay bastantes ejemplos, pero también excepciones, como el caso de ‘Hombres G’, que están teniendo una segunda juventud.
¿Algún otro proyecto cinematográfico a la vista? Participé hace poco en un corto, ‘Manhattan Pictures’ y, aunque no soy actor, ni mucho menos, estoy abierto a hacer este tipo de trabajos.
¿Qué impulsa a uno a tatuarse algo indeleble en la piel? Lleva 17 tatuajes... Todos tienen algún significado: el nombre de mis hijos, otro de cuando acabé la carrera... los tatuajes siempre me han gustado mucho, es algo que tiene relación con el hombre desde los albores de la historia. No me los hice antes por no darle un disgusto a mi madre, pero ahora todos los años me hago uno o dos. Eso sí, siempre número impar.
¿Por qué? No lo sé, es una consigna que corre en este mundo. Me lo dijo el primer tipo que me tatuó.
Para terminar, ¿qué adjetivo le define? Nervioso, intranquilo, culo inquieto.
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