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Ouka Leele, fotógrafa
"La belleza es luz del alma"
Es tal su afán por aprender y tan grande su humildad que se define como una ignorante. Calificativo que no parece cierto en absoluto cuando se la escucha hablar con esa seguridad, esa bondad y esa dulzura que la caracteriza. Si uno atiende a los buenos propósitos, que explica con sencillez y que tiene anclados y muy claros en el fondo de su creativo y efervescente corazón, se da cuenta de que está ante una mujer brillante, con luz propia. Hoy Bárbara, escondida aún tras su pseudónimo de juventud Ouka Leele, nos descubre su lado más espiritual y la metafísica de sus fotografías.
POR BEATRIZ SANCHO Fotografías: JORGE VILLA
Bárbara, háblenos un poco de la metafísica de sus imágenes… Son tantas, tan diferentes y tan variadas… Me interesa muchísimo la metafísica y me ha influenciado la mística de San Juan de la Cruz, el Cantar de los Cantares, Santa Teresa... es decir, todos los místicos, los sufíes también, especialmente Ibn Arabí, que habla sobre la unidad. Me interesa más lo espiritual que lo material, es una meta porque cuando miro mis fotos pienso que aún no he llegado. Hago lo que puedo, pero ojalá algún día pueda expresar mucho más. Si ya lo hubiera hecho, habría terminado mi obra, pero es una búsqueda constante para traer a la realidad un ancla, el artista tiene que ser un ancla para la Humanidad. Imagina que estamos todos en un pozo oscuro y ésa es la realidad que vivimos: delincuencia, robos, abusos, guerras, muertes, no valorar la vida… Dentro de ese pozo los periodistas intentan reflejarlo y el papel del artista es la de crear otros mundos, otras formas de vida, proponerlas para que podamos estar mejor. Tiene que sugerir belleza porque cuando estás metido en lo feo no ves nada más. Si el artista lanza una cuerda a ese pozo y alguien se puede agarrar y salir de ahí, su función tiene sentido. La gente que viene a mis exposiciones dice que se siente en calma, con mucha paz. Incluso en mi última exhibición, en el Museo del Traje, una persona con depresión afirmaba que se había curado al ver mis imágenes. Eso me anima a pensar que lo que hago sirve para algo. Pero miro mi obra y sé que aún tengo que decir algo más, no sé lo que es, pero que me gustaría que nos acercara a un mundo de bondad.
¿En qué cree Ouka Leele? En el amor. Si digo que creo en Dios, cada persona va entender por Dios su propio concepto. Me molesta usar esa palabra, aunque me gustaría hacerlo con libertad. Es innombrable, ¿qué nombre le puedes dar a algo tan misterioso? Es el gran creador o la gran creadora, porque no me gusta que sea masculino o femenino. Es el amor puro, que casi te deja ciego; tan grande y tan bestia que es inabarcable. En esta vida llevamos una venda, como capas de cebolla, muchos velos, muchos. Si puedes ir quitándolos y acercarte a esa luz que es consciencia pura, belleza pura, amor puro, todo lo bueno, nos daremos cuenta de que estamos viviendo una irrealidad o una realidad virtual porque, fuera de ese Dios que te estoy contando, no existe nada. Todo lo que estamos haciendo es inexistente. Lo malo es inexistente, sólo existe lo bueno. Si Dios sólo es Uno, no puede ser castigador, ni malo, ni violento, ni depresivo, ni negativo. Dios sólo puede ser lo mejor, lo positivo, lo bueno, lo grande. Lo que está fuera de eso es como un teatro que nos hemos montado los seres humanos.
¿Hay alguna idea que le gustaría expresar y que aún no haya podido capturarla con la cámara? Estoy pensando muchas cosas. Quiero dar una idea de la metafísica, pero quizás lo que hago es ahuyentar o aburrir al público. Con algo que te hace reír llegas más. No tengo muy claro qué es lo que tengo que hacer. Es una mezcla, con humor y con bondad puede que llegue más lejos. Lo que está claro es que es una meta y ésta es como la zanahoria que le pones al conejo, como en los chistes, para que la siga. Mi zanahoria es poder dar amor, y lo consigo.
¿Qué supone para usted que le hayan otorgado el Premio Nacional de Fotografía? Un antes y un después. Agradezco el premio profundamente porque llevo treinta años con la fotografía. Siento que me han dado un título: Ouka Leele, Premio Nacional (ríe). A partir de éste a la gente ahora le gusto más porque ve que se ha reconocido mi trabajo. Las personas ahora quieren cosas mías, quieren estar conmigo, que les haga fotos… Pensaba que sólo iba a ser el primer año, por la actualidad, pero esto sigue igual. Imagino que se irá suavizando con el tiempo. Es un título para siempre.
Su última exposición ‘Ouka Leele, inédita’, ¿cómo surgió? Quería hacer algo que no estuviera visto. Tengo un archivo inmenso que da para muchas más muestras. La selección la hicimos Rafael Gordon y yo durante meses y me pareció muy angelical, dulce.
¿Por qué no utilizó en esa ocasión sus famosas fotografías pintadas? Cuando empecé, porque es lo que te dicen y lo que te cuenta y lo que cualquier artista piensa, creía que tenía que tener un sello por el que se me reconociera. Pensaba que al pintar las fotos se me iba a reconocer más que si colgaba una foto en blanco y negro. Aunque todo el mundo me dice que haga lo que haga se nota que es mío. En esa exposición quería romper con esa necesidad de juventud de tener un sello. El sello está siempre porque es la mano del artista. En ‘Ouka Leele, inédita’ quise sorprender por la suavidad. Bestialidades como rajarse una vena y fotografiarla, o coger una vaca muerta y ponerla en formol, me repugnan. Nuestra voluntad era cautivar por lo mínimo.
¿Qué es para usted la fotografía? Un día escuché que era dibujar con luz, y me gusta mucho esta definición. Es conocer la luz, ir hacia la luz.
¿Cómo se siente más cómoda: en blanco y negro, en color o pintada? De ninguna de las maneras, en carne y hueso.
¿Por qué eligió Ouka Leele como pseudónimo? Buscaba un nombre iniciático, como cuando una monja que se llama Pepita entra en un convento y se lo cambia por el de Sor Juana de la Cruz. Era un nombre para iniciar una nueva vida. Como artista quería partir de cero y, a la vez, quería jugar, ocultarme. Si mi obra tenía éxito, por ejemplo, pretendía no ser famosa, ni sobresalir porque me agobiaba mucho todo eso. Ahora estoy aquí hablando contigo y me siento muy bien, pero si me estuviera viendo y oyendo en la televisión no me gustaría nada. También, quizás, utilicé el pseudónimo como una especie de marketing inconsciente, para que no supieran si estaba empezando como artista, si era mayor, mujer u hombre… No pensaba que fuera mejor ser hombre que mujer, pero inconscientemente opinaba que era mejor que no se supiera lo que era y Ouka Leele daba juego en este sentido, no se sabe muy bien a qué género pertenece o si es africano o japonés. De hecho, en mi primera exposición escuché la conversación que mantenían unos visitantes y decían que mis fotografías eran de un japonés que hacía fotos con el ordenador. Esto en el año 79, que ni siquiera creo que se pudieran hacer fotos en ordenador.
¿Cómo va el largometraje de no-ficción ‘La mirada de Ouka Leele’? Aquí tienes al director del mismo, Rafael Gordon, mejor que te lo explique él. (Contesta Rafael Gordon: Estamos esperando el laboratorio, pero ya hemos llegado muy lejos. Tenemos una banda sonora maravillosa, una canción prodigiosa de Inma Serrano con letra de Ricardo Franco. La carátula es de Bárbara. La hora y cuarenta minutos de imágenes tratan de mostrar a una artista trabajando en plenitud. Esto se refleja en un mural de trescientos metros cuadrados. Ouka Leele es la artista más representativa de su época en España y, posiblemente, en Europa. Verla trabajando en esa intensidad hace de la película un documento impagable. Seguramente, podamos ver la película este año, ya que sólo queda pasarla de digital a 35 milímetros. La película trata de Bárbara, que tiene muchos balcones, ventanas, cajones, esoterimos… Su época ha sido espléndida porque en su juventud apareció la eclosión de la movida, en la que ella es creadora independiente, no participa en los convencionalismos clásicos. Su talento excepcional le ha permitido pasar de la pintura a la fotografía y ser reconocida mundialmente y eso la ha dado una tranquilidad y una audacia en su trabajo que la hace formidablemente icónica y representativa de su época. La cinta trata de todo eso, de las cientos de fotos que han ilustrado las portadas, de los rodajes que ella hizo con su cámara analógica cuando las fotos a la ‘Fura des Baus’, por ejemplo, que es un documento increíble porque todavía este grupo catalán no era lo que es hoy. Amén de las imágenes de cuando ella era niña que rodaron sus padres en súper 8. Luego están sus apreciaciones del mundo, me interesa mucho mostrar la dualidad entre la vida y la interpretación de esa vida que ella hace formidablemente. El filme es un acto creativo que ha merecido la pena durante cinco años, porque es un documento inapreciable.)
Bárbara, ¿cree en alguna forma de vida fuera de nuestro planeta? Sí, estamos demasiado inmersos en una realidad impuesta por la cultura y nos estamos perdiendo muchas cosas que quizás podríamos ver con el cuerpo que tenemos ahora. Quizá hay cosas que nos perdemos por los cinco sentidos que tenemos, pero tenemos sentidos dentro, en el alma. Igual que tenemos ojos y oídos, mucho más fuertes son los sentidos internos. Tenemos una visión interior, un oído interior, un olfato interior… De hecho, a veces, no sabes porqué huele muy bien y, aparentemente, no hay nada que lo provoque y lo que ocurre es que la situación espiritual es muy bonita. Perdemos la vida pensando en cosas como la cultura y el dinero. En el colegio no se enseña nada, sólo cosas materiales. Ojalá a los niños se les dejara ser como son.
¿Qué tipos de libros lee Ouka Leele? Insisto mucho en San Juan de la Cruz. Soy buscadora espiritual. Siempre estoy leyendo libros de ese tipo. Me encantan los poetas místicos porque percibo sus palabras como si fueran joyas. “Oh cristalina fuente, do manan aguas purísimas”. Me gusta beber de esas fuentes porque me ayudan con sus palabras.
Cree que “el mundo se feminiza día a día, es decir, se humaniza”. Por favor, explíquenos esa frase. No quiero decir que sea más humano lo femenino que lo masculino. Hombre y mujer tenemos un lado masculino y otro femenino. El mundo se ha ido más hacia la parte práctica, la racional, la parte autoritaria, la más “masculina”. Espiritualmente, deberíamos hacer más caso a la parte femenina, entendida esta como lo opuesto a lo anteriormente dicho. Tendríamos que valorar la ternura, la sonrisa, lo mínimo. Es decir, estar feliz simplemente porque estás al lado de una persona en silencio, sin tener necesidad de más.
Háblenos de su reciente libro de poemas: ‘Poesía en carne viva’. Un amigo que abrió una editorial me pidió que hiciera un libro de poesías. Además, tenía muchas ganas de publicar, aunque ya había publicado algo. He hecho un libro de bibliofilia de poemas y serigrafías con la editorial Ahora. ‘Poesía en carne viva’ reúne una pequeñísima parte de mi poesía. Espero poder sacar más, poco a poco. Le tengo mucho cariño a este libro. Me ha hecho pasar experiencias preciosas en lecturas poéticas. En una ocasión, leí en coro un poema sobre el color negro, repartiendo fotocopias al público. Se trataba de sentar la base de la creatividad, a partir del color negro, del cero y empezar a encender la luz. Parecía una letanía escuchar a todos los que estaban allí conmigo. Fue una experiencia escalofriante.
Además de la belleza, ¿qué otros temas le gusta plasmar en sus trabajos? La belleza no es gente guapa, delgada, teñida y operada. Eso es la fealdad. La belleza es otra cosa, es luz del alma. Si puedo reflejar eso en mis imágenes, estoy encantada. También me gusta el humor, es muy bueno para todo.
¿Cuál es la diferencia entre arte ornamental y arte que hace temblar el corazón? El arte ornamental se entiende que sirve para adorno, pero me gustaría que fueran unidas las dos cosas, que lo ornamental también hiciera temblar el corazón. Me gustaría no separar nunca lo sagrado de lo material, convirtiendo todas nuestras acciones en algo sagrado, desde hacer una entrevista, un pan, un cuadro, un decorado…
“El arte que no cura no es arte”, ¿cómo cura el arte, Bárbara? No lo sé. Puedo hablar de una experiencia mía de estar muy triste, poner la radio en el coche mientras esperaba poder aparcar y, en ese momento, la música que escuché me curó. El arte es una medicina.
¿En qué consiste el proceso de mediunidad al crear una obra? Consiste en ir haciéndote consciente. Lo he sido poco a poco. Me convertía en una médium de cualquier cosa. Iba a hacer un retrato y todo el mundo me decía que les había clavado psicológicamente. Se trata de una sensación de relajación, de desaparecer tú para que aparezca lo otro. Si como médium puedo traer luz a la Tierra… Es lo único que podemos traer.
“Ellos aparecen en nuestras vidas como verdaderos maestros cuyas enseñanzas se basan en el amor”, ¿qué le enseña su hija? Amor a lo bestia.
Por lo visto, a través de su página web cualquier persona puede contactar con usted para encargarle una foto, ¿qué pide a esos modelos para que colaboren con su trabajo? Lo que hago es desaparecer para que aparezca el retratado. Otra cosa es que pida a un modelo posar para una de mis fotos. Entonces, lo que le pido es que interprete una idea mía, como si fuera un actor.
¿Cómo se realiza una foto artística a partir del objetivo de un teléfono móvil? Con intención artística. Cada cámara te da un lenguaje y, obviamente, no se puede pretender sacar la misma fotografía con una cámara muy potente que con un móvil. Pero sabiendo que estás utilizando un teléfono… Soy muy experimental. Pruebo y miro, y no estoy con numeritos diciéndome que quizás debería abrir más el diafragma, por ejemplo. Hago las fotos, las miro y elijo hacer la siguiente o más oscura o más clara, según lo que veo. Pruebo.
¿Quién es el mejor modelo para sus fotografías? La luz, porque sin ella no te puedo fotografiar.
¿De qué manera disfruta más aprendiendo? Experimentando, probando las cosas. Me toca aprender lecciones muy grandes todo el tiempo. La vida te las pone.
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