Carlos Clavijo, escritor
“Lo importante no es tanto qué has leído, sino qué has vivido gracias a un escritor”
Monólogos, guiones cinematográficos, novelas… cualquier formato es válido para hacer lo que mejor sabe: contar historias. Carlos Clavijo, amante empedernido de su trabajo, ha concluido una más: ‘El hijo de la vid’ (Temas de Hoy, 2010), la historia de un joven agricultor, que fue grumete y sufrió un naufragio en aguas de Veracruz. La decisión de dejar de jugarse la vida y volver a su casa para labrarse un futuro, nos lleva a las entrañas de la tierra del vino para dejarnos en el paladar el gusto impecable de unas letras comparables al mejor Rioja.
BEATRIZ SANCHO Acaba de publicar ‘El hijo de la vid’, ¿qué ha pretendido con esta novela además de adentrarnos en la historia del vino riojano y de los bodegueros de la región?
Contar una aventura como me hubiera gustado leer a mí: llena de belleza, potente, muy dinámica y rica. Quería que fuera una historia que emocionara tanto como las que leía cuando tenía 15 años. Espero haberlo conseguido.
¿Cuánto tiempo ha tardado en documentarse para escribirla y qué tipo de aventuras o anécdotas le ha deparado su conclusión?
He tardado bastante, primero porque soy autónomo y, después, porque no tienes una brújula que te aclare y, hasta que te gusta todo, pasa un tiempo. Empecé la novela en 2007. Ha sido una sucesión de descubrimientos muy hermosa: el proceso del vino, conocer a gente, etc. Pero, me quedo con los buenos ratos, los espléndidos paisajes, lo que he aprendido y lo que ha ampliado mi percepción, las historias personales que me han contado muchas personas.
¿El retrato de qué persona es inmejorable?
Un personaje muy característico que lo mismo a otro no le hubiera llamado la atención. Pero también me gustaron mucho una bodeguera, otro bodeguero, un distribuidor… Gente que me ha contado lo que les ha costado abrirse paso.
Escritor, productor audiovisual, sociólogo… ¿cómo hace un creador tan joven para conjugar tan bien su polifacética vida?
Ser autónomo (ríe).
También es cómico, ¿cómo empieza esta faceta en su vida?
Accidentalmente. Estaba trabajando en ‘Paramount Comedy’ y uno de mis jefes, que se reía mucho conmigo charlando, medio me obligó a que saliera al escenario y desarrollara algún monólogo. Recuerdo que estaba muy tenso cuando lo hice, y me veo en el vídeo y no me reconozco. Me hizo una pequeña encerrona y al final, como soy amante del cine, pensé que con lo que ganara con una actuación me daba para comprarme tres películas. Estuve actuando hasta llegar a completar una colección decente y, para entonces, ya estaba enganchado a los monólogos. Pensaba que no lo veía nadie, pero ahora con ‘youtube’ estás ahí para el público hasta el fin del mundo.
¿Y creaba sus propios chistes?
Sí, el 99% eran míos y el resto eran anécdotas o burradas que te había contado alguien. Siempre pensamos que no nos veía nadie.
En 2004 gana el premio de Canal Plus al mejor largometraje por ‘Narcos’, ¿qué significó para usted este galardón?
El reconocimiento. Ahora soy productor audiovisual porque tengo una pequeña productora en la que hago de todo.
Como dice en su novela, ¿ha sentido alguna vez que el olor de la uva impregnaba todo?
Sí, sobre todo cuando estaba lejos de las bodegas, en mi cuarto, y, extrañamente, me venía ese olor.
‘Olía a vino, a uva fina’, ¿qué es la uva fina?
Es una metáfora.
‘Su conciencia se diluía mecida por las olas’, ¿de qué autores ha bebido usted para escribir con tanta gracia?
Soy muy ecléctico. He tenido fases, pero nunca he tenido un gurú al que quisiera imitar. Ahora estoy leyendo escritores del siglo XIX. Lo importante no es tanto qué has leído, sino qué has vivido gracias a ellos.
A Miguel, su personaje, la pobreza. ¿Qué le atraviesa el alma a usted?
Muchas situaciones. Si siempre estás con los ojos abiertos, hay que tener cuidado.
Parece haber tenido un pasado glorioso y que vendrá coronado por un deslumbrante futuro, ¿cómo se darán la mano en su existencia?
En serio, eso habría que pasarlo por el tamiz de la autonomía, del hecho de que soy autónomo, porque soy una persona inquieta, que siempre está haciendo cosas pero, por otro lado, no tienes la estabilidad laboral. Espero que llegue ese futuro haciendo lo que me gusta hacer: escribir e inventar historias, que a veces serán para un medio audiovisual y otras llegarán al formato novela.
¿Cuál es el secreto del néctar de los dioses que ha descubierto en este viaje a la tierra del vino?
Que hay que abrir los ojos y acercarse a la gente que te gusta. El secreto es estar tranquilo y contemplar como esta gente riojana no se inquieta por la idea de que un vendaval se lleve sus frutos, por ejemplo.
‘Trabajar en silencio, no esperar elogios’ he oído que es la esencia del viticultor. ¿Podríamos decir que se le ha pegado algo a usted de esta humildad descubriendo el mundo del vino? ¿Qué le dice esta frase?
Si miras a un monte, muchas veces ves a un agricultor haciendo su trabajo sin que nadie le observe. Hay millones de personas realizando diferentes tipos de trabajo y disfruta, simplemente, del proceso de la vida. Eso es lo que recoge un poco esta novela.
¿Qué nace antes la historia del vino o los personajes? ¿En qué momento se entrelazan?
Va surgiendo. Tenía en mente la historia del naufragio y a raíz de este capítulo inicial fui descubriendo la vida industrial del siglo XIX. Al crear te vas guiando por tu intuición, por el método de ensayo y error.
¿Por qué elegió narrar sobre La Rioja y su vino?
Llegué ahí intentando contar la historia de un emprendedor que tuviera cierta épica y fue el mejor contexto que pude encontrar, la industrialización que he mencionado, la cercanía con el País Vasco…
¿Conocías La Rioja?
Sí, había venido varias veces.
Después de catar tantas veces el vino de esta región, ¿por qué cree usted que un Rioja provoca tal ovación mundial?
No me voy a poner a hablar como un enólogo, pero lo que es cierto es que fuera se decía que España era la bodega del mundo. Ahora menos porque hay mucha técnica y todo está muy desarrollado.
¿Qué bebe?
¿A parte del vino? De todo, como cualquier español que se precie. Comparado con otros países, a nosotros nos gusta beber y todo lo que implica. Es un acto social.