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Javier Vidal-Quadras Trías de Bes
“Para que los niños nos abran su intimidad hay que hacerles partícipes de la nuestra”
Escritor, orientador familiar, abogado, profesor... Javier Vidal-Quadras Trías de Bes tiene muchos títulos acumulados en su trayectoria profesional, pero del que más orgulloso se siente es del de padre de familia. Aunque autor de otros libros, su devoción por sus hijos le ha llevado a escribir “Vábienlor” (editorial Toro Mítico), un texto infantil lleno de magia y de valores donde la aventura se convierte en aprender a ser mejor persona.
INÉS MARICHALAR
Suponemos que tener siete hijos le habrá inspirado para escribir ‘Vábienlor’... No sólo inspirado, sino que la novela tiene su origen en mis hijos, en concreto en las cartas que escribía a mi hija mayor cuando, a los 13 años, se fue a Irlanda a estudiar inglés. En esas cartas me fui inventando una historia que finalmente se convirtió en ‘Vábienlor’.
¿Han sido ellos los primeros en leerlo? ¿Ha tenido en cuenta su opinión? Desde luego. La novela ha ido avanzando a impulsos familiares. La escribía a ratos sueltos, los niños pasaban por ahí, leían un párrafo, hacían un comentario. A mis hijas se la leía por las noches o cuando terminaba un capítulo, y todos opinaban. Alguno decía: “papá, tienes que poner nombres raros, cuanto más raros, mejor”, otra me insistía en que redujera alguna parte demasiado larga, o me hacía quitar una palabra ininteligible. Cada uno a su manera, todos han aportado su granito de arena. Por supuesto, también mi mujer, que siempre lee y me ayuda a mejorar todo cuanto escribo.
Los habitantes de ‘Vábienlor’ tienen todos características a imitar. Uno es discreto, otro limpio, otro cariñoso... ¿Piensa que los niños cogen a los personajes de los libros como referencia y que pueden imitar su comportamiento y por eso los ha creado así? Los niños absorben todo, lo bueno y lo malo y, hasta que desarrollan un cierto espíritu crítico en los años que rodean a la adolescencia, lo hacen muchas veces sin criterio suficiente. Su modelo suelen ser las personas cercanas: padres, hermanos, amigos, familiares. Sin embargo, cada vez reciben más impactos de fuentes más diversas: televisión, anuncios, revistas, películas, libros… Pienso que cuantos más impactos positivos reciban, mejor. Una de las ideas madre de la novela es esta: la mejor manera de luchar contra el mal es practicar el bien.
Nos llama la atención que los padres en este libro dejan ver a sus hijos sus sentimientos con gran transparencia: emoción, miedo, preocupación. ¿Piensa que es necesaria más sinceridad de padres a hijos en la vida real? Hay una edad en que los hijos, o algunos de ellos, tienden a cerrarse a la mirada, que ellos consideran inquisidora, de sus padres. De pequeños es fácil entrar en su mundo interior… pero cuando crecen, algunos se blindan y ponen coto a los padres. La mejor forma de lograr que alguien nos abra su intimidad es empezar por hacerle partícipe de la nuestra. Hay una parte de la intimidad personal que, con la debida discreción, es comunicable a los hijos. Cuando ellos ven que se cuenta con ellos, que les contamos nuestras preocupaciones, nuestros proyectos, nuestras dudas, en el nivel en que corresponda a cada edad, es más fácil que ellos nos cuenten los suyos. Aunque no hay que tener prisa, cada hijo es diferente y se abre cuando quiere y hasta donde quiere. Hay que respetar también su deseo de privacidad.
¿Conjugan los bastiones de ‘Vábienlor’ para usted los pilares de la fortaleza en la vida real? Una de las características del sistema de valores o virtudes es precisamente que es sistémico y armónico, es decir, que un solo valor no lo es, necesita de los demás. Uno puede ser muy fuerte o muy paciente o muy inteligente, y utilizar estos valores, que en abstracto son positivos, para el mal o para el bien. Cada bastión representa un ámbito de mejora y fortaleza interior en ese sistema armónico que es el mundo interior del ser humano: Auriga es el conocimiento y la decisión que va a guiar a los demás bastiones, Fortes el vigor y la capacidad de resistencia que nos mantienen en el camino del bien, Meshura es el equilibrio interior que modera nuestros excesos y desviaciones, y Yus es la rectitud que nos descubre las necesidades y los derechos de los demás.
¿Qué le gustaría que los niños aprendieran de la reina Chares? La característica esencial de Chares en la novela es su capacidad de entrega a los demás y la inquebrantable confianza en que cualquiera puede ser rescatado para el bien. A veces se transmite a los jóvenes la idea maniquea de un cierto determinismo en la conducta: hay gente buena que hace cosas buenas y gente mala que hace cosas malas. Pero las cosas no suceden así. No hago cosas buenas porque soy bueno, sino que soy bueno, me hago, me modelo a mí mismo en la bondad, en la medida en que hago cosas buenas. Cada acto me conforma como persona, de modo que si quiere usted ser bueno, empiece por hacer actos de bondad y acabará siéndolo.
¿Qué situaciones o características de los personajes de su libro le gustaría existieran en la vida real más a menudo? Los humanos van a Vábienlor para adquirir los valores que les faltan, pero sólo puede entrar quien realiza un acto de humildad, quien reconoce que tiene algún defecto alguna falta que ha de corregir. Hoy en día sobra mucha soberbia: cuesta mucho admitir los propios errores y faltas. Con un poquito más de humildad, la vida real sería mucho más habitable.
Este libro está lleno de fantasía, pero a la vez transmite muchos valores familiares: unidad familiar, solidaridad, mesura, firmeza ... ¿Puede ser este medio el ideal para mandar algunos mensajes de este tipo a los niños? No sé si será el ideal, pero desde luego es un vehículo eficaz. Lo importante es transmitir valores auténticos por todos los medios posibles. Toda gran empresa comienza por un sueño. La imaginación y la fantasía pueden debilitar la fortaleza interior cuando se presentan como mero escapismo, como una huída de los problemas del día a día; pero si tienen un sentido, si descubren un proyecto de mejora, personal o social, pueden ser el motor de un nuevo entusiasmo por la vida y por todo lo humano.
Los Vámalors son falsos, caprichosos, vagos, sin personalidad... ¿Piensa que la juventud de hoy en día peca un poco de estos defectos? La juventud de hoy en día no es diferente de la de hace veinticinco siglos. Es la edad de los grandes proyectos, de los grandes ideales, de la generosidad, la entrega y el compromiso con las grandes causas… pero los jóvenes han de saber que el entusiasmo no es suficiente. Si no se fundamenta en una fortaleza interior, si no se acompañan esos ideales de un entrenamiento personal diario en la adquisición de valores y fortalezas interiores, el entusiasmo pronto degenera en ingenuidad, y los ideales en utopías irrealizables. Para amar, para entregarse de verdad a un ideal, hace falta lo que un autor ha llamado un ‘sujeto cualificado’, es decir, entrenado en las cualidades, aptitudes y renuncias que el amor exige.
Este libro parece una mezcla entre el señor de los anillos, Harry Potter... ¿Cree que este tipo de género literario atrae especialmente a los jóvenes hoy en día? Sin duda. Desde hace años asistimos a una vuelta a lo mágico, a lo esotérico, a lo misterioso. El ser humano reconoce de manera espontánea, natural, que no es el señor de la creación, hay algo que le trasciende, un arcano que ignora y busca desde el inicio de los tiempos, y le atraen los mundos nuevos, que escapan a su control. Vábienlor, en cierto modo, puede situarse en esa órbita, pero su propuesta final es: no busques muy lejos, lo trascendente no lo encontrarás en lo esotérico, mágico o mistérico, lo realmente apasionante eres tú mismo, y en ti y en los demás encontrarás el misterio que buscas.
¿Le ha servido su experiencia como orientador familiar para tener claros algunos conceptos de su libro? Muchísimo. Llevo ya más de quince años moderando casos de orientación familiar y aprendiendo de cientos de matrimonios que han acudido a los cursos que impartimos desde la Asociación Fert, y ese bagaje me ha sido utilísimo.
¿Cómo concilia su faceta de escritor, con la de orientador familiar, abogado y profesor? ¿Quién no tiene diversas actividades? Aficiones, deportes, intereses, trabajo… En realidad, todo gira en torno a una firme unidad, mi matrimonio y mi familia, presentes en todas estas facetas. Mientras en la jerarquía de valores humanos, la familia prevalezca sobre el resto y lo ordene en torno a ella, todo es conciliable. Si se pierde de vista lo importante, lo accesorio ocupa su lugar y todo se desordena.
Usted ha dicho alguna vez que al amor verdadero no termina nunca. ¿Nos puede dar alguna pista para conseguir ese amor eterno? Creérselo. Cuando he visto nacer a cada uno de mis hijos, más aún, cada vez que he sabido que mi mujer estaba embarazada, he tenido la certeza moral de que a ese hijo, fuera como fuese y pasase lo que pasase, le amaría para siempre. Con nuestro cónyuge ha de suceder lo mismo, y con una ventaja, que a él o ella podemos elegirlo, mientras que a nuestros hijos no. Si nuestro amor nace con esa convicción, podremos amar para siempre (que es el anhelo más profundo del corazón humano, no nos engañemos); si no, lo ponemos muy difícil, hay una falla en el origen porque, en fin de cuentas, normalmente se obtiene lo que se pone. Claro que mi mujer y yo tuvimos, además, el acierto de invitar a Dios a nuestra vida matrimonial, y con una ayuda como esa todo se hace más fácil.
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