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Ángela Muro, cantante
“Soy una mezcla de diva y de la vecina a la que puedes pedir un huevo”
Desde que sacase su primer disco traté de encontrar a esta mujer de voz sugerente, elegante, sofisticada y con un punto insolente que tunde. Di con ella diez años después. Ha merecido la pena: ‘Marrón glacé’, su segundo trabajo, es un álbum hermoso, radiante y rebosa el virtuosismo propio de las cosas hechas con cariño. Ángela Muro (Logroño, 1962) en las distancias cortas es arrolladora, capaz de conseguir que el entrevistador se convierta -¿recuerdan ‘Atraco a las tres?- en “un admirador, un siervo, un esclavo”.
POR ESTHER PEÑAS Fotografías: JORGE VILLA
Han pasado diez años desde su primer disco. ¿Por qué no ha hecho esperar tanto? El primero lo grabé muy tarde, con 33 años, con una gran discográfica, Sony. Desde entonces, he estado esperando un gran productor, una compañía que me entendiera y me dejase hacer las cosas a mi modo. Al cabo de los años me he dado cuenta de que el mundo de la música ha cambiado y de que yo misma era capaz de producir mi propio disco. Todo eso ha sido un proceso largo, diez años como dices. En este tiempo he hecho muchísimas cosas, entre ellas asentarme en Granada, que me ha dado el biorritmo necesario para crecer más como músico. Estos diez años han sido una aventura intensa y bonita.
¿Qué ha sido de Ángela Muro desde ‘Extraño mineral’ hasta ‘Marrón glacé’? Pues muchísimas cosas, la verdad. Mi vida siempre ha sido una aventura... ¿Que qué ha sido de Ángela Muro? Hice una colaboración en el disco ‘Santiago’, de Carlos Núñez, a quien acompañé en su gira, he compuesto la banda sonora de la película "Bala perdida", que obtuvo el premio a la mejor banda sonora en la 24ª edición de la Mostra de Valencia, una película en la que trabajaban Juanjo Puigcorbé y David Caarradine. Ésta ha sido la experiencia más hermosa de mi vida después de ‘Extraño mineral’. También participé en el musical ‘Estamos en el aire’, de Ángel Montesinos, y en ‘Los Miserables’. Asimismo, acompañé a Sara Montiel durante cinco años, a Masiel, a Lolita. Más o menos, eso ha sido de Ángela Muro en este tiempo.
‘Extraño mineral’, ¿cuántos desalientos y cuántos buenos momentos le deparó? Muchos y muy buenos. El productor artístico, Manolo Aguilar, productor de Manolo Tena en 'Sangre española', supo a la perfección lo que quería hacer, y lo hicimos. Cuando Miguel Gallardo me consiguió una cita con la gente de Sony no me lo podía creer. Les gusté, y de Sony recuerdo hoteles maravillosos, botellas de champagne, ramos de flores, mucho poderío, pero también incomprensión hacia el trabajo que había hecho. Fue un gran disco, pero deslucía cuando me escuchaban en directo. Y eso que era una superproducción, 14 millones de pesetas de antes. Lo grabamos en Nápoles, con colaboraciones de arreglistas italianos, cubanos. Me lo pasé muy bien, y aprendí mucho. Pero fallaron cosas, sobre todo la comprensión de cuál era mi mundo. En cuanto a ventas no fue un éxito, tampoco hubo una buena distribución... Cuando recibí el telegrama por el que la compañía rescindía mi contrato no fue un agradable, pero sobreviví. La vida es eso, ratos dulces y amargos.
Uno de los temas de ‘Marrón glacé’ lleva por título ‘Nada es igual’. ¿Qué ha cambiado profesionalmente en Ángela Muro? Que ahora soy capaz de producir un disco. He madurado artística, musical y personalmente. Este es un disco muy sincero, desnudo, soy yo en todo lo que en él sucede. ‘Extraño mineral’ es un disco mucho más melancólico; ahora el punto de vista es más optimista, se fundamenta en el amor, el amor filosófico, metafísico, místico, de todos esos amores que uno puede llegar a sentir, y el amor a la vida.
Es decir, que si se quiere conocer a Ángela Muro hay que escuchar ‘Marrón glacé’ antes que ‘Extraño mineral’? Eso es. Cuando llegué a Madrid quería encontrarme con músicos de verdad, venía de hacer muchísimo playback. Quería jugar a hacer música con músicos. Empecé a alternar con músicos de jazz, brasileños, cubanos, que me fueron impregnando ese género que se mezcló en mí con el flamenco. Pero también he coqueteado con blues...
Entonces, Ángela Muro ¿es una cantante de música ligera, una cantautora, una artista pop? El aroma jazzístico está en todo lo que hago. Los críticos dicen que soy una cantante de pop estándar que compone y arregla en una atmósfera jazzística. No creo ser una cantante de pop estándar. Si hablamos de pop como música popular sí, porque tengo una raíz de cantautora, de música folk. No sé si soy cantautora con un espíritu de una cantante de jazz o una cantante de jazz con espíritu de cantautora.
Volvamos al amor que impregna el disco. ¿Es el mejor antídoto en tiempos de crisis? Y mi homenaje a un hombre con el que llevo casada un porrón de años. Mi relación con él es muy vital, y le debía este homenaje. Es un amor pero un amor de compañero, de cómplice, de haber compartido lo malo, lo bueno, lo pequeño, lo cotidiano. Uno acaba formando parte de los elementos arquitectónicos y emocionales de la vida.
Hay una canción que dice "no se le puede pedir a la hormiga que actúe como cigarra, ni a la cigarra que actúe como hormiga". Ángela Muro de qué queda más cerca, ¿de la una o de la otra? Mi padre era una cigarra y mi madre era una hormiga. Así que soy la mezcla de ambos. Pero siempre pesa más la cigarra.
¿Como es la “gente de barro”, título de otro corte? Todos somos gente de barro. Al perder a mis padres he visto que la vida no tiene mucho sentido, pero el sentido de la vida es que hasta que se acaba hay que seguir viviéndola como si fuera eterna.
¿Cuesta sobrevivir en el mundo de la música? Miguel Gallardo me enseñó que lo difícil es mantenerse. Sobrevivir en la música no es fácil, pero en ningún arte lo es. En otras profesiones uno va escalando; en la música siempre tienes que estar ahí. La única diferencia entre las hormigas y las cigarras es que las cigarras están acostumbradas a los momentos de crisis, los artistas los probamos muchas veces en nuestra vida. Las cigarras, los buenos músicos, tienen que estar preparados para disfrutar de un buen champagne francés o un vaso de agua. Hay que adaptarse, reinventarse continuamente. Todo el mundo tendría que aprender un poco de nuestra bohemia, que es vivir la miseria con dignidad. Pero no me puedo quejar, siempre he tenido un Ángel de la Guarda.
¿Cómo anda el panorama musical por dentro? Todo se va centralizando, las pequeñas compañía están desapareciendo, se las engullen las más grandes. Entrar en una radio es muy complicado si no es pagando mucho dinero o mediante las ‘recomendaciones’. Creo que es un buen momento para las mujeres: Carmen París, Martirio, Concha Buika...
¿Hay mucho machismo en el mundo de la música? Sí, mucho, cuesta obedecer a una mujer, todavía cuesta aceptar que una mujer tenga un criterio musical más válido que el de un hombre.
Soñemos: ¿a quién invitaría a cantar con usted en un escenario? A María Creuza, Dianne Reeves, Martirio...
¿Ningún hombre? ... Pedro Guerra. Pero estoy en un momento en que prefiero escuchar a mujeres. Que me perdonen los hombres por la falta de paridad.
El marrón glasé, evoca dos cosas: dulzura y sofisticación. ¿Así es Ángela Muro? Sí. Soy dulce, aunque más en la intimidad. Y siempre me ha gustado una sofisticación muy dinámica, me encanta la mezcla de lo cotidiano con el glamour. Soy una mezcla de diva y de tu vecina la de enfrente a la que puedes pedir un huevo.
Una canción imprescindible de ‘Extraño mineral’ y otra de ‘Marrón glacé’. De ‘Marrón glacé’, 'Por mucho que viva', por esa desnudez que tiene, ese punto achavelado; también ‘Puede que sea’, un homenaje para todas las mujeres que aman a otras mujeres. De ‘Extraño mineral’, 'Por caridad' o 'Dolor'... Y 'Virgencita bonita', que fue el single.
Háblame de su colaboración con el proyecto ‘A toda vela’... Es una ONG de Almería que trabaja con muchachos con problemas psíquicos. Isabel, la directora, es una mujer impresionante, con una energía o tremenda y me propuso hacer un taller creativo musical. ¿Cómo iba a decir que no? De pronto, me vi con cuarenta niños a mi alrededor y cuarenta padres que me miraban esperando algo. Al principio me asusté, porque encontrarte de frente con las cosas crudas de la vida no es fácil. Pero me enamoré de todos aquellos niños que vivían con las emociones y la ingenuidad intacta. Me dieron tanto cariño... Fue una experiencia maravillosa. ¡Y hemos compuesto unos villancicos maravillosos!
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