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Última actualización: Edita Servimedia S.A. Nº 1611
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Carlos González, autor de "Entre tu pediatra y tú"
“El amor es imprescindible para un niño”

Carlos González
Le preguntas a Carlos González que quién es él y te responde haciendo alarde de un humor incomparable: “¡Ese soy yo! Para los amigos de mis hijos soy ‘el padre de’, para las amigas de mis esposa, ‘el marido de’, en el mercado, ‘el yerno de’”... Guasa aparte, acaba de publicar ‘Entre tu pediatra y tú’, una amplia selección de preguntas y respuestas realmente útiles para criar a un hijo de forma natural. Y es que, si el amor es imprescindible para un niño, ese sentimiento es precisamente el que pone este pediatra de puño y letra en estas líneas. Sus mejores sueños, ver felices a sus hijos y a sus nietos, y escribir historias de ficción.

BEATRIZ SANCHO

De las 5.000 cartas que ha respondido desde 1.996. ¿Por algún motivo alguna destacó de forma especial?

Son muchas las cartas que destacan, ya que ves madres y padres muy preocupados, a veces por problemas reales y otras, por falsos problemas.

Alguna de las misivas, sin duda, le robaría a usted también algunos momentos de su sueño. ¿Cuál de ellas le ha desvelado en alguna ocasión?

Ha habido cartas que relataban auténticos malos tratos, niños a los que ridiculizan, castigan y humillan en los comedores escolares. Dan escalofríos.

¿Qué talentos o capacidades ha ido desarrollando para suplir los datos que en ocasiones faltaban en las cartas?

Hay que aprender a leer entre líneas, a suponer, por ejemplo, que el peso del niño es normal porque si hubiera perdido peso no se habrían olvidado de decirlo. Muchas veces, la gente no te cuenta los hechos, sino su propia interpretación, y hay que intentar redescubrir el hecho ahí enterrado. Por ejemplo: “tiene cólico”, “tiene gases”, “nos toma el pelo” o “es muy dependiente” a menudo simplemente significa que “quiere estar en brazos y llora si le dejamos solo” (como todos los niños). Muchas veces, hay que prever varias posibilidades en la respuesta: “si vomita a menudo... si a usted le duelen los pezones... si el niño no gana peso...”

¿Cómo trata de responder a la preocupación de una madre cuando ésta no coincide con el problema real del niño?

Es fundamental ayudar a los padres a comprender cuál es el verdadero problema o bien que no hay ningún problema verdadero. A veces, los padres se pasan la noche despiertos intentando que su bebé duerma, pero el bebé puede dormir en cualquier momento, son los padres los que tienen que madrugar y por tanto el objetivo es que duerman los padres, no el bebé. Otros intentan que su hijo coma más, sin darse cuenta de que el niño está sano y engorda normalmente, y que el único problema son las peleas en torno a la comida.

¿Es el humor una herramienta eficaz para relativizar los problemas que comparten las madres?

Creo que sí, que muchas veces el humor nos ayuda a ver las cosas de otra manera, y comprender que nuestros problemas no son tan graves como parecían

Y el amor, el afecto, ¿qué lugar ocupa en el buen crecimiento de un hijo?

El amor es imprescindible para un niño. Me refiero al amor real, el amor con todas sus consecuencias. Cuando amamos a alguien, no basta con decir “te amo”. Si le dices “te amo” a tu novio o novia, pero no le escuchas, no le abrazas, no le besas, no acudes cuando te llama, no deseas estar con él todo el rato posible, no le consuelas cuando llora, si con frecuencia le dices “cállate”, “no molestes”, “déjame en paz” o si todo el rato estás riñéndole, humillándole y dándole órdenes... esa persona pronto llegará a la conclusión de que tus palabras son falsas, de que en realidad no le amas. Y un bebé ni siquiera entiende las palabras, sólo entiende los hechos. Ya sé que usted quiere muchísimo a sus hijos, pero lo que debe preguntarse es: ¿cómo sabrán mis hijos que les quiero? ¿cómo lo notarán? Sus hijos no pueden leerle el corazón, sólo ven lo que usted hace o deja de hacer.

¿Qué representa para usted resolver tantas dudas a tantas progenitoras?

Es un gran honor que tanta gente haya confiado en mí, y es una gran satisfacción pensar que, en alguna ocasión, tal vez haya podido ayudar a alguien.

¿Por qué la lactancia es tan importante?

La lactancia es una parte de la vida del hijo y de la madre. Dar o no dar el pecho no es una cuestión secundaria, como comprar un jersey rojo o verde. Intentar dar el pecho y no conseguirlo, no es como ir a comprar el jersey y que no haya de mi talla. Es algo mucho más grave, y muchas madres se sienten muy tristes por ello. Nuestra sociedad muchas veces niega ese dolor de la madre, lo minimiza y así, sin darse cuenta, lo aumenta. Si te rompes una pierna o si suspendes unas oposiciones para las que te has preparado durante dos años, la gente te dice “vaya, qué pena”, o “lo siento”. En cambio, si quieres dar el pecho y no lo consigues, muchos te dicen “no te preocupes” o “el biberón es igual”.

¿Qué consejo le daría a una madre que no puede dar el pecho a su hijo para crear algo parecido al vínculo afectivo que se gesta dándole?

El vínculo no depende de la lactancia, sino del contacto. La lactancia facilita el vínculo porque de alguna manera obliga a la madre a tener a su hijo en brazos varias veces al día durante bastante rato para darle el pecho. El peligro del biberón es que es más fácil separase de tu hijo, dejarle con otras personas. Pero si estás con tu hijo, si le mimas y le abrazas, y le cantas y le muestras el mundo, el vínculo afectivo será igual de fuerte.

¿Recomienda usted a una mujer con enfermedad mental, pero que esté tratada y estable, ser madre?

Hay muchas enfermedades mentales diferentes, no podemos generalizar. Un profesor mío de psiquiatría decía: “la humanidad se divide en psicóticos, que son los locos, y neuróticos, que somos los cuerdos”. Todos tenemos nuestros miedos, ansiedades, temores y depresiones, y con esa carga cuidamos a nuestros hijos y salimos adelante.

¿Podría resumirnos cuáles son los pilares fundamentales para criar a un hijo de forma natural?

Creo que el contacto es la base de todo. Se ha visto en los prematuros. Antes los bebés pasaban semanas en la incubadora, y los padres sólo podían mirar desde fuera, a veces desde la ventana, a unos metros de distancia. Esos padres se sentían abrumados, inseguros, incapaces de hacerse cargo del niño, muchas veces se preguntaban: “¿seguro que ya se puede ir a casa, no es mejor esperar otra semana?”. Ahora en muchos hospitales se practica el método canguro, los bebés salen varias horas al día de la incubadora para estar en brazos de su madre o de su padre, pegados piel con piel. A esos bebés les dan el alta mucho antes, y son los padres muchas veces los que lo piden: “¿no nos podemos ir ya?” Se sienten seguros y capacitados para atender a su hijo.

¿Cuál cree usted que es el mejor consejo que ha dado como pediatra?

“Escucha a tu hijo”.

A los niños con discapacidad, muchas veces, se les cría con una sobreprotección excesiva. ¿Cómo se podría reeducar a estos niños para que dejen de ser tan dependientes? ¿Qué deberían hacer los padres ante una situación como esta que se les ha ido de las manos?

¿Qué es sobreprotección? Los niños necesitan una protección absoluta, y los niños con discapacidad más todavía. Coger a un niño en brazos, consolarle cuando llora, hacerle compañía, acudir cuando nos llama, dormir a su lado cuando es evidente que no quiere dormir solo, no es sobreprotección, sino la relación normal, la forma en que los padres han cuidado a sus hijos durante miles de años.

Otra cosa distinta es no dejarles separarse cuando ellos se quieren separar, no dejarles explorar, no permitirles tener iniciativa ni hacer las cosas por sí mismos. Paradójicamente, hay padres que niegan a sus hijos, para no “malcriarlos”, los abrazos, el consuelo y el contacto que los niños piden y necesitan, pero luego insisten en reglamentar completamente la vida de sus hijos con normas y límites, controlar su conducta con “técnicas educativas”, obligarles a comer durante horas distrayéndoles con los dibujos y haciendo el avión con la cuchara. ¿Dónde queda ahora toda esa autonomía e independencia?

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