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Josep Pons, director de la Orquesta Nacional de España
“La ONE pone en pie cualquier pieza, le guste más o menos”
Violines, violas, chelos, contrabajos, arpas, flautas, oboes, clarinetes, fagotes, trompas, trompetas, trombones, tubas, percusión... Más de cien personas formando un mismo cuerpo, una idéntica intención, ejecutando un único movimiento, sincronizado y a la vez diferente, pero armonioso. Aunque sus antecedentes son más antiguos, fue el 1 de enero de 1947 cuando el B.O.E. solidifica la existencia oficial de la Orquesta Nacional de España, con dos directores titulares: Bartolomé Pérez Casas y Ataúlfo Argenta. Esta vez levanta la batuta Josep Pons, mentor actual de la ONE.
POR ESTHER PEÑAS Fotografías: JORGE VILLA
Por segundo año consecutivo, la ONE celebra ‘Septiembre sinfónico’, con la participación del pianista Lang Lang y el guitarrista Tomatito... La definición es la misma que el pasado año, un festival que pretende ser el inicio de esta temporada de una manera simpática, agradable, para todos los públicos; por tanto, se define como lúdico, multitudinario, y al aire libre, en un espacio más distendido que lo que puede ser la sala de conciertos, con un nivel de obras lo más alto posible y con artistas bárbaros. Con Lang Lang, interpretaremos un par de piezas de Tchaikovsky. Lang Lang es uno de los más grandes pianistas que existen y, sin duda, el más mediático, puesto que ha actuado en la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Pekín (en China es un ídolo, cual artista rock, ten en cuenta que hay 20 millones de estudiantes de piano, y él es su referente. Hay, incluso, un modelo de piano y unas zapatilla que llevan su nombre). Ambos conciertos se emitirán por televisión y el de Tomatito se grabará en disco y DVD con Deutsche Grammophon.
Vamos, que la ONe no se resiente de la tan mentada y sentida crisis... Jajaja, no, no, en absoluto. La ONE tenía unos acuerdos históricos con la Administración y ya están cerrados. Vuelve a la televisión y vuelve a grabar. No nos podemos quejar. De momento.
¿Cómo se conjuga trabajar con figuras con una personalidad tan marcada como Lang Lang o Tomatito? Siempre con los grandes es fácil trabajar, lo tengo comprobadísimo; te lo ponen muy fácil, tienen muy resuelto lo suyo así que pueden entregarse a la causa común. Todo fluye mejor con los grandes. Y Lang Lang y Tomatito son, sin duda alguna, dos de los grandes. Trabajar con ellos es un disfrute, un placer, da mucho goce, y para la orquesta es un reto, una aventura.
¿Qué margen para la improvisación tiene la ONE cuando actúa con artistas ajenos a ella? Poco, muy poco, normalmente, lo hay de interpretación, durante el concierto, o si alguien tiene un solo, pero el porcentaje de nuestro trabajo se basa en fusionarnos y no en destacar, es como la natación sincronizada, por ponerte un ejemplo. Hay que crear una sola figura siendo muchos intérpretes. El porcentaje de sobresalir, de destacar es mínimo. Te puedes recrearte en partes muy concretas, en las partes solistas es donde uno puede poner su parte artística, pero más allá de eso la improvisación no tiene cabida, no entra en nuestros parámetros. Tomatito sí va a improvisar, pero su lenguaje se basa en eso.
A los lectores, a los cinéfilos les gustan las novedades, pero tengo la sensación de que el público de música clásica prefiere una pieza clásica a una desconocida... Estoy de acuerdo contigo. En el mundo de la clásica hay un porcentaje muy alto de gente que prefiere reconocer a conocer, no sé por qué. Sucede en general en nuestra sociedad. Disfrutar de una historia cuyo final conoces nos da una seguridad contraria al abismo de lo desconocido. En las piezas clásicas, es cierto que muchas de ellas requieren más de una audición para descubrir todos los matices, los detalles; quizás por ello, si la obra ya la conocemos no exige tanto esfuerzo y se puede disfrutar más.
La ONE, ¿siente debilidad por algún autor en concreto? La orquesta es muy profesional, pone en pie lo que le pongan delante, cualquier pieza, le guste más o menos. Es casi una cuestión individual, hay quien le gusta más el mundo barroco, el romántico, la música contemporánea...
¿Y cuál es la de su director? Tengo un gusto muy amplio... escucho música de muchos tipos y mucha de la que no hago: coral, jazz, antigua, gregoriano... yo trabajo a partir de Haynd, ni Heendel ni Bach, que me entusiasman. Se lo dejo a los profesionales.
Al hacer la programación de cada temporada, ¿qué factores se observan? Muchos. Es un trabajo que casi nadie valora, pero es un proceso muy laborioso. Primero, pensar la temática, combinarla, enlazarla, darle sentido. Después, pasarla a papel e irla puliendo, interrelacionar las obras, ver qué equilibrio tienen, cómo se aguantan, si están representados distintos grupos, los distintos sectores, lo viejo con lo nuevo... y después, una vez que crees que ya está cerrada, convencer a todos de que esa tiene que ser la programación. En cierto modo, tiene vida propia. Es interesante ver cómo evoluciona y cómo se ha ido perfilando.
El perfil del público del septiembre sinfónico, ¿difiere mucho del que está habituado a acudir al Auditorio? ‘Septiembre sinfónico’ es más familiar, cubre el espectro de todas las edades, es más representativo de toda la sociedad; el público de conciertos es digamos más profesional, de un cierto poder adquisitivo, cultivado, y de una edad media alta, independientemente de que haya excepciones. ‘Septiembre sinfónico’ tiene mucho público familia, acuden desde los abuelos a los nietos, es gente muy diversa, que habitualmente no acude a los conciertos, y que se siente más cómoda en un espacio abierto.
Cuéntenos qué trabajo hace la ONE con los jóvenes. Tenemos varios programas, este curso en concreto ocho. Se desplazan distintos músicos a trabajar en escuelas con niños, componen sus propias obras sobre un material previo; éste es un trabajo muy intenso, nada superficial ni de cumplir expediente, sino que de lo que se trata es de involucrar al máximo a los jóvenes. Hay que entrar en su disco duro, no contarles el cuento, sino que sientan que eso es suyo y que puede formar parte de sí. Esto mismo lo haremos también en Inglaterra, cuando la ONE esté de gira, y algunos en hospitales, con niños terminales y enfermos que no pueden venir al auditorio. Pone los pelos de punta cuando los familiares te dicen “en los últimos tres meses el niño ya no sonreía, y gracias a ustedes lo hace”.
¿Qué huella le gustaría dejar en la ONE? Por las fechas en las que me incorporé, mi propósito era sentar las bases de la ONE del siglo XXI, con todas sus consecuencias. Me gustaría ser recordado por eso.
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